De cabello largo, y de colores varios era lo que tejía su cerebro. Le gustaba tenderlo en las madrugadas por el balcón pequeño que abrazan los cerros amarillos de Valparaiso. Esperaba el día aquel la prometida llamada sensata del loco enamorado. Ella le extrañaba, cuanto le extrañaba... y él su llamada recibió. Como buena madrugada espero en el balcón, con el frío invernal pero serena de tener cerca el mar. Calle Victoria no dio tregua, y en lo bajo el zigzagueo de la borrachera de algunos no respondía, ni tampoco los que fumaban a paso lento le tendieron tabaco para fumarse las olas del mar de sus propias ventanas. El no llamo, y ella no entendió dónde se perdió el loco enamorado que conoció.

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