lunes, 16 de mayo de 2011

Game over


No pretendo hacer de esto un cuento, y si hubiese sido así, no sería portentoso ni fascinante, es mas, no tendría mayor importancia para ustedes.
A veces mis esperanzas se reducen a encontrar a una persona. No encontrarlo hoy, pero en un futuro, y preguntarle lo que nunca me dejo cuestionarle. 
El bus conducía hacia el sur, el día a parte de nubloso y frío, también dejaba ver las gotas de lluvia que cambiaban de potencia de un momento a otro. Yo lloraba, si, lloraba y mucho a decir verdad, pero me entretenía mirando el paisaje y demases. Previamente, el personaje que iba delante de nosotros se nos unió en un tipo de conversación, el era, ¿como describirlo?, digamos que curioso y ansioso, me agradaba bastante, pero en ese lapsus, no quería oírlo hablar, quería estar sola, estaba en el transe del egoísmo. Le regale un par de sonrisas horriblemente irónicas, pero era demasiado inteligente ahora que lo pienso. Él no tenía más de 5 años, y entendió lo que nunca podría alguien saber con solo mirarme a los ojos. Se giró hacia su asiento, entendió el mensaje indirecto de "no estoy de ánimos" perfectamente. Luego de un rato, ya casi llegando a mi destino, se giro hacia nosotras, mi hermana dormía, y yo, llorando nuevamente, tratando de que el pequeño no lo notara; ya que me otorgaba algo de vergüenza, trate de secarme el rostro ayudandome de la oscuridad que se comía al bus, pero las luces de fuera, aunque tenues, algo dejaron ver al pequeño. No  me dijo nada, me miro fijamente, casi sin pestañear como alrededor de 3 minutos que me parecieron los mas largos de todo mi vida, y volvió a su asiento, sin decirme absolutamente nada, y eso, me dejo más tranquila. Estar dándole explicaciones a un niño no me causaba gracia, ni menos contarle el por qué estaba así de demacrada y con pulsos de abuela.- No lo entendería - pensé.
Llegamos. Ni  siquiera me despedí de aquel personaje tan tierno. Baje ensimismada, y el frío palpo mi cara despertándome un poco, esperando que el auxiliar le entregara las maletas a mi hermana. Mire al chofer de lo lejos y vi que alguien le dedicaba unas palabras y luego bajo del bus corriendo, corriendo hacia donde estaba yo y se situó frente a frente y me observo con la misma mirada de cuando descubrió que lloraba, pero era la más dulce, las más tierna. Me entrego un dibujo, inocente y alegre, como la de un niño de menos de 5 años, me volvió a mirar diciendome un millón de cosas sin decir ni una sola palabra, se marcho corriendo subiéndose nuevamente al bus. No lo vi nunca más desde Agosto del 2009. Aún no entiendo su capacidad de dar amor sin esperar nada del otro, ni menos la manera tan peculiar que uso para decirme que estuviera contenta, que no llorara ni por esto, ni por aquel. Quiero decirle que estoy bien, que estoy tranquila y  encontre mi paz. Quiero decirle que el juego ya acabó. Game over

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